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lunes, 17 de junio de 2013

Un viaje de Carlota Casiraghi en Jaguar F-Type


Por Carmen Duerto


Sabía, con dos meses de anticipación, que me iba a vivir una experiencia Life Style conduciendo un deportivo por la Umbria italiana. Eso significaba hacerme con unos guantes de cabritilla para conducir, un par de foulard para el pelo y unas gafas XXL para el sol. Todo lo sabía, pero todo lo olvidé.
Cuando me enseñaron el programa con su museo de la trufa, su spa en termas romanas, cena con un embajador y el Jaguar F-Type descapotado, pensé que nada era necesario. Sólo relajarme y disfrutar. Se trataba de reproducir en mis en mis sentidos, la vida que puede llevar el propietario de uno de esos bellísimos coches de lujo.
El punto de encuentro era un helipuerto privado en las afueras de Roma. Recorrer 270 km en coche, es agotarse. Así que, teniendo helicópteros, para qué queremos autopistas. Llegar a Perugia, lugar a explorar por carretera junto a mi copiloto y amiga Gema Veiga, fue reposar la adrenalina del vuelo. No sé qué pensará Letizia, que fue una periodista de clase media como yo, ahora que frecuenta el helicoptero como antes el metro, pero yo creo que el helicóptero está fenomenal. Y fenomenal, es la cara que se me puso cuando me dijeron que era usufructuaria durante 48 horas de un Jaguar F-Type descapotado blanco que corría como los jet supersónicos y que tenía un botón para activar todo el excitante ruido-bramido de los dos tubos de escape. No quise perturbar la paz que se respiraba por la tierra natal de San Francisco de Asis y evité hacer, desde el cariño lo digo; lo que algunos podrían denominar, dado su desconocimiento, como “macarra”. Sé que esto no les gustará a los locos de las cajas de cambio e incluso a los Alfa, pero lo digo desde el cariño y la admiración por los coches que rugen porque el mío también rugía pero con delicadeza y lo justo. Preferí ir respirando el olor de los robles, hayas y zarzales que íbamos recorriendo por un paisaje unas veces montañoso y otras completamente plano, pero siempre muy verde con pueblitos de piedra salpicados entre la vegetación.
Dormir en el antiguo convento de Santa Catherine en Assisi, que ahora es el NUN hotel museo que abrió hace dos años, con su spa de piedras romanas antiquísimas, dejarse dar un masaje de pies y oler a lavanda, es placer de Dioses. Visitar las instalaciones de una empresa trufera Urbani, con tal volumen de trabajo que recibe trufa de Soria para sus preparados y que sólo abre sus puertas para eventos muy especiales, como este de Jaguar es ponerse el lujo por montera. Me pasé la comida admirando la chaqueta de Chanel y las joyas de Olga Urbani, que está rehabilitando una casa en sus posesiones, con vistas al cementerio donde está enterrado su padre. Visitar las bodegas Tenuta Castelbuono que imitan el caparazón de una tortuga enmedio de unas viñas recias de la Umbria italiana también fue estupendo, aunque no catáramos sus caldos. Asistir al ocaso de la tarde en la Torre di Moravola donde tomar un refrigerio tan life style que hasta el puré era apto para celíacos y ver un video de Lana del Rey, que conduce un F-Type en rojo, proyectado en un muro de piedra era tocar el cielo con los Jimmy Choo llenos de peonías de Veiga.
Y terminar cenando en la residencia del embajador británico en Roma, en Villa Wolkonsky de 1890. Un hombre gentil, Her Britanic Majesty´s Ambassador Christopher Prentice, que había expuesto los cuatro bólidos de la casa, el C-Type, el primer Jaguar que se hizo para competir, de ahí tomó la letra C, luego vendrían el D, el E y el F, todos Types y todos bellísimos, en su jardín de influencia toscana y acompañados por un trío femenino de cuerda, era como estar en Inglaterra con vistas al Vaticano.

También, teníamos motivos para celebrar que entre el penúltimo y el último descapotable de Jaguar, han pasado 50 años. Gracias a Julian Thomson, un gentleman que adora a Almodovar y vivió en Sitges y que nos acompañó en este exquisito viaje, pudimos comprobar lo que es el lujo en coche y gracias a Belén de Lacalle y a Gordon, que nos hicieron un programa Life Style ad hoc y así pude saber qué sienten Carlota Casiraghi y sus amigos cuando viajan. No sé si a ellos se les saltan las lágrimas cuando devuelven las llaves de su Jaguar, a mi, se me partía el alma. Dónde estará mi Jaguar F-Type?. Manolo Escobar, cómo te entiendo con la pérdida de tu carro.

Para seguirme en twitter; @cduerto











martes, 10 de abril de 2012

Con los hombres Alfa de aventura por Kyrguistan

Si la cena en el sanatorio Aurora, fue lo que no me atreví a escribir, el desayuno y la visita de las instalaciones me deja sovietizada por un par de horas. Pollo asado, papilla amarilla y galletas muy dulces es más o menos lo que creo que puede ser lo que hay encima de la mesa y podría identificar. Esto es una aventura y un desayuno así forma parte del pack experiencia. Lo mejor, mis compañeros me encanta verlos por las mañanas sonriendo -en manga corta, yo bajo con todo lo que puedo ponerme encima- y haciendo unas risas de lo que nos va ocurriendo. Así da gusto recorrer este lugar, que tiene camillas prehistóricas aparcadas en los pasillos. Goza también de camas que dan masajes mecánicos -que podrían darte una desacarga eléctrica a poco que te descuides-, bañeras con todo el poso de la era soviética en su interior que te sumerjen en un baño de minerales y lavados de estómago o de intestinos y etc, etc...

Después de la visita, sorprendentemente nadie se apunta a nada. Unos aducen que no tienen costumbre, otros que tienen que revisar el material de su Discovery, a otros en un plis plas les surge una jaqueca... Tan solo Ian, el escritor inglés que está colgando los post de Land Rover, hace de conejillo de Indias para que Nicke -el fotógrafo- les tome como paciente.

Salimos del Sanatorio Aurora, previo intercambio de unos billetes con el soldado de la puerta...y ponemos los GPS dirección Alma Alta, bordeando el lago Issi Kol, que ya he contado, pero me hace ilusión repetirlo, que es el segundo màs grande del mundo. A 200 kms hacemos parada técnica en Karakol para comer carne con patatas en el restaurante de la mafia de la zona. Así que estamos tranquilos porque los cuatro Discoverys cargados a tope no les pasará nada. Al Sr. Mafioso no tenemos el gusto de conocerle y a los cuartos de baños de su local tampoco. Donde esté un matorral ¡¡¡

Hay que explicar que no podemos ir muy rápido porque las carreteras han desgastado ya el asfalto desde el siglo en el que lo pusieron y los agujeros son cavernas para estudiar espeologia. Eso nos permite abrir las ventanas para hacer fotos y oler el país. Huele a hojas secas, tienen la costumbre de hacer pequeños montoncitos y quemarlas, provocando un característico olor que permanece intácto -debe ser el mismo árbol local- durante todas las jornadas. También es curioso ver la cantidad de gente que anda por los arcenes o van en su burro, acompañando al ganado o sentados en cluquillas esperan en el arcen. Corren un riesgo porque aqui no hay normas de circulación, hueco que ven hueco que utilizan para adelantar. Las lineas pintadas en el suelo son decorativas y las señales de tráfico no existen. En situaciones así te das cuenta la suerte que tienes de ir formando una expedición, ya que el primer coche se encarga de informar a los demás de lo que se encontrarán porque se guarda una considerable distancia de seguridad.

Siempre nos acompañan las impresionantes montañas y entre ellas y el borde del lago se extiende una enorme paramera desierta. Los pueblos que vamos atravesando son como aldeas humildes con el techo de uralita o de planchas de metal y en el que no falta un cementerio muy decorado con adobe y piedras y una pequeña mezquita.

El contraste de ir escuchando a Adele, Lady Gaga o Amy Winehouse, con el paísaje árido pero bello y la ausencia de población es una mezcla curiosa. También la ausencia de wifi o de internet provoca apasionadas conversaciones, donde es inevitable tratar la cuestión del hombre Alfa y más cuando nuestros compañeros de viaje son de otro país, hay que comprobar las fuentes de un lado y del otro. Finalmente, concluímos que el hombre Alfa es universal.

Entretenidos recorriendo kilómetros, llegamos a una enorme extensión de estepa con el lago a 100 metros, allí enmedio de esta nada absoluta, hay una casa humilde habitada por una familia nómada de 20 personas que nos invitan a pasar la noche con ellos en las yurtas. Somos tantos que es necesario montar otra tienda para que podamos dormir todos. Colocamos los 4 Discoverys alineados enfrente del campamento y todos a una, levantamos una yurta en una hora. La estructura es de una madera flexible sacada de un árbol autóctono y forrada de una malla de caña y capas de piel de oveja. Dentro colocan alfombras de lana muy gruesas y sobre ellas una pila de edredones a modo de cama.

La Yurta que montamos era convertible, nos servía de comedor y de dormitorio. Allí cenamos arrodillados y haciendo unas risas de todo. A las nueve de la noche parte del equipo ya estaba durmiendo y otra parte, de after hours kyrguis. Esos iPone nunca sabrán el servicio que prestan....Otra noche durmiendo con los zapatos y como novedad incorporamos gorro de lana y guantes. Nos han dicho que no habría animales y que la temperatura bajaría de cero grados. Nadie nos habló de insectos....pero eso será mañana.

Un viaje a Kyrguistan

Hemos quedado con el equipo Journey of Discovery de Land Rover en encontrarnos en la capital de la república del Kyrguistan, en Bishkek. Ellos llegan por carretera desde Kazaguistan. Han dejado a los periodistas alemanes en el aeropuerto y ahora toca una de las etapas más complejas, excitantes, diferentes y duras de esta travesia de 12.900 km que une Inglaterra con Pekin. Es la que hace España y nos enteramos que seré la única periodista que hará una etapa completa. En Italia, hubo una colega que hizo un día de trayecto. Represento a España, a mis dos medios; Yo Dona y diario abierto, y soy mujer. En esta aventura, por tanto, una excepción. Menos mal que también forma equipo Belén Lacalle de Land Rover, que dicho sea de paso también será la única RRPP que haga etapa completa. Seremos dos mujeres con doce madelman. Estamos encantadas, la verdad sea dicha.
La jornada jet lag comenzaba con un desayuno-comida. A los postres nos recogía una guía -kyrguis con un perfecto inglés- en el hotel y nos llevaba a recorrer la ciudad de un país que nació como tal en el año 2000. El pueblo Kyrguis eran nómadas, fué el imperio ruso el que decidió fundar una ciudad en estas lejanas tierras que tiene oro en sus altas montañas y cultiva la tierra. Cuando caen los zares, la estética soviet se apodera del lugar, grandes monumentos, plazas de enormes proporciones, edificios como moles de granito y columnas....y dos paradojas, en el edificio donde se reunía el poder soviet, hasta el 2000, ahora lo ocupa la Universidad Americana y el museo de Lenín ahora es el museo de la historia del país. En el Kyrguistan actual viven 5.500.000 millones de personas. Se habla ruso y kyrguis. La moneda es el SON y se cambia a 62 SON por un euro. Hay pocos coches porque son caros. Dominan las furgonetas particulares que prestan servicio de

autobús. Hay trolebuses viejísimos y 96 partídos políticos, pero cinco son los que dominan.

Para finalizar la visita, invertimos un poco en compras por un mercado de puestos al aire libre, donde nos volvemos locos y nos hacemos con 40 anillos de fieltro. Material que trabajan para todo; zapatos, abrigos, ropa de casa...Unas linternas por 1 euro para la noche que pasaremos en las Yurtas y una micro tarjeta para la cámara de fotos digital -3 euros-. Por cierto, las mujeres no van tapadas, no llevan túnicas ni similares, visten a la europea e incluso, la gente joven que veo, podrían hacerse el fondo de armario en los MANGO que hay en la ciudad. Han leído bien, sí, también hemos llegado a este lejano país.

Luego visitamos los grandes almacenes Zom. Que venden lo mismo

pero bajo techo. Y allí existe un trabajo, hasta ahora para mi inédito, una señora con dos teléfonos de cable controla las escaleras mecánicas. Tan curioso como los guardias que te encuentras de madrugada regulando el inexistente tráfico...

Sobre las siete de la tarde nos informan que, nuestros compañeros de aventura, ya han llegado al hotel y la verdad, eso despierta nuestra curiosidad. No defraudan. Altos, corpulentos, encantadores y dan la mano estrujándola. Después de sonarme los 27 huesos con cada saludo, reconozco que me relaja. Esa fortaleza es algo que agradezco porque eso me inspira más confianza, digamos que una seguridad para la aventura. Mientras cenamos veo cómo se alimentan esos biceps y ya sé que nada malo nos puede pasar. El miedo, comienza a desaparecer....aunque nos adviertan que esta es una de las etapas más complejas con las peores carreteras, que subiremos montañas y bajaremos a lagos. Que dormiremos en 4 Yurtas porque no hay otro tipo de alojamiento y que nos despediran antes de llegar al paso a China porque es tremendamente peligroso......

La última anécdota del día en este lejano país, ha sido el regreso al hotel en taxi. No hemos cogido los Land Rover porque las cenas se acompañan de vodka, algo incompatible con la conducción. En el taxi híbrido, sonaba Bebe en español. No dábamos crédito y el conductor mogol en inglés nos aclara; "Me gusta la música española". Mientras tanto la luna está creciendo...