

Tanto
Rania como Letizia parecen seguir el mismo libro de marquetin, esa llegada a lo
grande, ese intento por no ser florero, por tomar parte activa e incluso, la
iniciativa, con una puesta en escena de vestidos, coronitas y colores que el
tiempo las ha relegado a ir un paso por detrás. No ha gustado tanto
protagonismo y tanto cortar la palabra. Los que ocupan el cargo son los maridos
y eso cuesta aceptarlo cuando una ha sido preparada para llevar los pantalones
y tomar las decisiones.


protagonismo a las acciones sociales desvalidos, enfermos, ecología, niños y educación. Como si esos temas fueran de temática femenina y así justificar una existencia que no produzca escozor. Me gustaría saber, por ejemplo, si el marido de Ángela Merkel se dedica a este tipo de acciones en su vida como presidente consorte.
Letizia
recogiendo donativos para la Cruz Roja y Rania participando en foros contra la
pobreza, son imágenes necesarias para contrarrestar la llamativa presencia de
Corinna, la imputación de Urdangarín o los gastos reales que resultan suntuosos
en unos países debilitados económicamente y socialmente.
Ambas
siguen con sus zapatos con plataforma, melena suelta y el mismo tono de tinte,
pero las dos han comprendido que lo mejor es seguir tomando iniciativas y
dirigir, pero en un segundo plano donde no llamen mucho la atención. Han
adoptado el traje de trabajo en tonos grises, marrones y anodinos para contribuir a esa
invisibilidad. Se acabaron las interrupciones, caminar un paso por delante y
tanto preguntar. Segundo plano e invisibilidad, aunque luego en casa cada uno
lleve sus pantalones.
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